"El cosmos es inefable, desde lo más grande a lo más pequeño. La cultura se manifiesta a partir del ser humano y se expresa como parte de esa inefabilidad que comparte" NxP

LA ODISEA DE NOLAN

Castigo y redención en las acciones del ser humano ante el destino y las fuerzas de la naturaleza

C.I.

8/26/20265 min read

Todo parecía indicar que iba a ser una gran adaptación del mito griego y del clásico de Homero, y salvo algunos aspectos y detalles a tener en cuenta, y de los que a continuación hablaremos, así ha sido. Una monumental puesta en escena con una fotografía, unos escenarios, unos actores y una música excepcionales. Acabas sobrecogido ante la narrativa visual, mítica y épica de un viaje que empieza en Troya y acaba en la anhelada Ítaca. Te conviertes en Odiseo y, como buen mito griego, pasas junto a él todas las adversidades y pruebas que el destino y los dioses le tienen preparadas.

Hay muchas maneras de afrontar este poema épico y de interpretar su valiosísimo y amplio contenido. Podemos hacerlo desde una óptica: simbólica, mítica, heroica, filosófica, psicológica, hermenéutica, mágica, teológica, humana o incluso histórica. Nolan apuesta por una historia humana, en donde la naturaleza del ser humano y sus rasgos característicos y antagónicos afloran y se enfrentan continuamente: su mortalidad, su egoísmo, sus miedos, sus malas acciones y errores, o sus instintos… en contra de sus buenas acciones, su nobleza, su heroísmo, su virtud, su templanza, su justicia o su inteligencia.

En esta versión, el ser humano y sus acciones están en el centro del hilo narrativo, mientras en el mito lo están los dioses y sus designios, junto a su relación con los seres humanos y el tremendo simbolismo que de esa simbiosis surge. Pero a pesar de que esos designios aparezcan también en esta adaptación, ya que son parte indisoluble del mito, es el aspecto humano el que predomina, por eso hay cierto acercamiento al supuesto periodo histórico post-Troyano (supuesto ya que Schliemann encontró 10 Troyas una encima de la otra ¿cuál fue la de la guerra homérica?) en el que se sitúa la narración: finales de la edad del Bronce y de la época micénica (hacia 1200 a.C.).

Por ello, es la conciencia y la naturaleza humana la que es puesta a prueba constantemente, y aquellos que la ponen a prueba, los dioses y sus hijos o semidioses, aparecen como personajes “humanizados” y carentes de la divinidad o de la potencia mágica con la que se les suele caracterizar. Por ejemplo: Polifemo es hijo de Poseidón y de una ninfa; Circe es una diosa; Calipso es una ninfa, una semi-diosa, hija del Titán Atlas; Los Lestrigones son hijos de Lestrigón, hijo de Poseidón y de Gea…

Tanto Polifemo como Circe, carentes de esa aura sobrenatural, a pesar de ser uno un gigante y la otra una bruja hechicera, provocan dos de los momentos más aterradores y perturbadores de la película, precisamente por esa representación más “humanizada” pero brutal a través del canibalismo de Polifemo, que es antropófago, y de la provocación y exaltación de atroces instintos a través de una bruja, convirtiendo a los hombres de Odiseo en animales insaciablemente desesperados y violentos. El mito original tiene una narrativa más poética y mágica, menos “terroríficamente humana”. Ambas versiones tienen algo que aportar y destacar, sin duda, esta de Nolan, como poco inquieta y alerta sobre la perdición de los instintos desatados.

Cabe decir que, en la versión original, los diálogos entre Odiseo y el cíclope no tienen desperdicio y son un gran exponente entre fuerza bruta-barbarie, e inteligencia-civilización. Ser “nadie” puede ayudarte a vencer con cabeza muchas adversidades… Por otro lado, fusiona el episodio de Calipso con el de Nausícaa y el de la isla de comedores de loto, que no aparecen en esta versión, reduciendo casi en su totalidad el simbolismo de la ninfa, (que es especialmente interesante y profundo para conocer la psique humana) a la lotofagia, es decir, a la sumisión de una droga, al comer los lotos azules, que en la obra original no son azules, y que no existen con Calipso. Además, si hay algo que Calipso nunca hubiera hecho es invitar o favorecer en Odiseo el recuerdo. Gran error.

Algo imperdonable, sobre todo para los amantes del simbolismo mitológico y la hermenéutica, es el episodio de la bajada al Hades de Odiseo junto a sus hombres. Ese acto en sí estaba reservado a muy pocos héroes y casos excepcionales. Forma parte de un viaje iniciático al que muy pocos humanos podían acceder, por la dureza de las pruebas y sus consecuencias: la muerte, y castigos peores que iban incluso más allá de ésta. Por tanto, es del todo erróneo ver como sus hombres lo acompañan al mundo de los muertos, ya que, según los mitos, no habrían podido, por sus propios medios, entrar en el Hades vivos, y tampoco salir de él, y mucho menos estar presentes en una conversación o profecía con Tiresias.

La película, según Nolan, en esta clave más humana que mitológica, más histórica que sobrenatural o fantástica, y más real que mágica y simbólica, nos recuerda una vez más lo grandes y lo pequeños que podemos llegar a ser los seres humanos. Que miles de años después, siguen habiendo guerras por desacuerdos culturales, comerciales, económicos o ideológicos. Que civilizaciones enteras, hermosas, únicas y singulares a pesar de ser diferentes a la nuestra, pueden caer en una noche presas del egoísmo, del miedo, de la avaricia o por “justicia”… o por engaños y destructoras astucias en forma de caballo. Que la ausencia de liderazgo arruina una nación y la condena a la rapiña de alimañas y enemigos, causando la pobreza, la desgracia y el caos. Y que el amor lo aguanta, lo espera y lo sostiene todo. Que más allá de los pactos entre aliados, como el pacto de Tindáreo, que fue el que arrastró a todos los Aqueos de la Hélade hasta Troya, no la orden de Agamenón (ya que no existía un monarca supremo), nos muestra una vez más que dejar de odiar y evitar las guerras debería de elevarse a obligación máxima, miles de años después, ya que son un retroceso para la civilización y para la condición humana.

Y, por último, esta historia nos recuerda que el ser humano, con sus pensamientos y con sus acciones, es el que forja su propio destino y el que tiene que asumir su responsabilidad y enfrentar, con las armas que posee dentro, las adversidades que la vida vaya poniendo frente suyo, es decir, con inteligencia, con educación, con preparación, con fortaleza, con templanza, bondad y con sacrificio.

Todos somos Odiseo, y estamos en un viaje, que es la vida, hasta encontrar la anhelada Ítaca, que no es más que un símbolo de nosotros mismos, de nuestro ser más profundo, de nuestros sueños... ¿Será eso la búsqueda de la verdadera felicidad?...

Hay muchos detalles y aspectos más que podríamos analizar y tener en cuenta: Que ni a Helena, y mucho menos a Atenea, se las describe con piel oscura; Que Agamenón no era el rey de todos, tan solo el comandante en jefe del ejercito Aqueo, por tanto los otros reyes eran sus iguales; Que lo del rapto de Helena no fue por amor, o si; Que si... Pero este artículo no pretende analizar con exactitud las coincidencias o desacuerdos entre distintas versiones o puntos de vista, sino tan solo recomendar encarecidamente el acercamiento a los mitos, sea desde la óptica que sea, como parte imprescindible para una educación en cultura y valores humanos.

Gratitud por esta excepcional película, cuyos aciertos, ausencias o errores no obstaculizan la reflexión, el aprendizaje y el disfrute del mito, siempre presto a mostrarnos nuestra propia naturaleza.

© 2026 Asociación CULTURA INEFABLE - acción cultural y humanista. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa. Los artículos, noticias, textos y colaboraciones reflejan exclusivamente la opinión de sus autores, no representando necesariamente la de la entidad editora. Imágenes y vídeos de: Unplash. Pexels.

CULTURA INEFABLE